En un momento en el que los debates globales suelen centrarse en la huella de carbono y los cambios en las políticas medioambientales, en las montañas cubiertas de niebla de la Sierra Nevada de Santa Marta surge una perspectiva diferente, profundamente arraigada en las cosmovisiones indígenas.
Aquí, la tierra no se entiende como un simple “recurso” que debe gestionarse, sino como un ser vivo. En este territorio sagrado, muchas comunidades indígenas conciben la tierra, el agua, los bosques y los animales como parte de un todo interconectado, donde la relación con la naturaleza se basa en la reciprocidad y no en la extracción. Para Children Change Colombia, esta visión inspira nuestro trabajo en Minca, donde la educación ambiental, la construcción de paz y la participación infantil se unen para fortalecer el vínculo entre las nuevas generaciones y el territorio.

Los Derechos de la Naturaleza
En toda América Latina, conceptos como la Pachamama y el buen vivir ofrecen una visión ambiental distinta a la predominante en Occidente. Desde las cosmovisiones indígenas, la Pachamama (Madre Tierra) no es simplemente una figura simbólica, sino la fuente misma de la vida: un ser que nutre, protege y sostiene a todos sus hijos.Esta relación se fundamenta en la armonía y la protección mutua. Los seres humanos cuidan el entorno natural y, a su vez, reciben de él la vida y la abundancia necesarias para prosperar. Esta es la esencia del buen vivir: una forma de entender la existencia basada en el equilibrio entre las personas, la comunidad y la naturaleza. Aunque estos conceptos suelen asociarse a las culturas andinas, los pueblos indígenas de la Sierra Nevada comparten los mismos principios fundamentales de armonía entre el ser humano y la naturaleza.
Para los Hermanos Mayores de la Sierra Nevada- los pueblos Kogui, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo- su territorio ancestral no es simplemente un espacio geográfico, sino un ser vivo conocido como el “Corazón del Mundo”. Estas comunidades consideran que tienen la responsabilidad de preservar el equilibrio universal, garantizando la armonía entre el mundo espiritual y el mundo material. Desde esta perspectiva, la salud del “Corazón” depende del equilibrio entre todos los elementos que conforman la vida: la tierra, el mar, el agua, el viento, el fuego, las piedras, los minerales, las plantas y los animales. Para mantener esta armonía, los líderes espirituales, conocidos como Mamos, realizan rituales y pagamentos mediante los cuales se comunican con el mundo espiritual y buscan restablecer los desequilibrios energéticos que afectan al territorio. Esta visión guarda una estrecha relación con el creciente reconocimiento global de los Derechos de la Naturaleza, una corriente que defiende que los ríos, bosques y ecosistemas poseen el derecho inherente a existir, regenerarse y ser protegidos. En Colombia, este avance jurídico ya está tomando forma. La Corte Suprema ha reconocido a la Amazonía colombiana como sujeto de derechos, otorgándole protección, conservación y restauración. Asimismo, ocho grandes ríos del país, entre ellos el Atrato y el Magdalena, han sido reconocidos como sujetos de derechos, obligando al Estado a adoptar medidas para recuperar su salud ecológica.
Para los pueblos indígenas de la Sierra Nevada, el deterioro ambiental no representa únicamente una pérdida ecológica, sino también un desequilibrio espiritual. Cuando se rompe la armonía entre el territorio y quienes lo habitan, esta fractura puede manifestarse en forma de enfermedad, conflicto o caos, haciendo necesarios rituales destinados a restaurar el equilibrio. Sin estos derechos y mecanismos de protección, los territorios indígenas continúan siendo vulnerables a prácticas extractivas que priorizan los beneficios económicos a corto plazo por encima del equilibrio ecológico. Esto no solo pone en riesgo los ecosistemas, sino también los sistemas culturales y espirituales que los han protegido durante generaciones. Por ello, los líderes indígenas trabajan cada día para defender sus territorios, preservar sus tierras sagradas y contribuir a la restauración del equilibrio ecológico de la Sierra Nevada.

Una responsabilidad global
La idea del Corazón del Mundo encierra una profunda noción de interdependencia. Los Hermanos Mayores sostienen que la Sierra Nevada cumple una función de balance para todo el planeta. Según advierten diversos líderes indígenas, el actual modelo económico extractivista y la proliferación de megaproyectos están alterando tanto el orden espiritual como el material de la región. Estos megaproyectos incluyen grandes desarrollos de infraestructura, energía, minería y actividades portuarias, como el Puerto Brisa en Dibulla o la represa del Ranchería en La Guajira. Aunque muchas de estas iniciativas no se encuentran físicamente dentro de la Sierra Nevada, las comunidades indígenas sostienen que igualmente afectan al territorio, ya que la Sierra funciona como un sistema ecológico y espiritual profundamente interconectado. La desviación de ríos, la expansión industrial, los corredores mineros y la degradación ambiental de los territorios circundantes pueden alterar los flujos de agua, fragmentar ecosistemas, amenazar la biodiversidad y desestabilizar el equilibrio sagrado entre la naturaleza y la vida humana que sostienen las montañas. Incluso proyectos de infraestructura aún en fase de propuesta, como la carretera Paraguachón en Santa Marta o la construcción de un teleférico hacia Ciudad Perdida, han sido denunciados por comunidades indígenas como amenazas a su autonomía territorial y a su orden espiritual. Esta tensión entre el desarrollo económico y la protección ambiental también se hace cada vez más visible en Minca, donde el rápido crecimiento del turismo corre el riesgo de reproducir la misma lógica extractiva que prioriza los beneficios económicos inmediatos por encima del equilibrio ecológico y la sostenibilidad a largo plazo. Por ello, promover un modelo de ecoturismo responsable resulta fundamental, no solo para conservar la biodiversidad, sino también para proteger la integridad cultural y espiritual de la Sierra Nevada.
El ecoturismo en Minca
Actualmente, Minca se encuentra en el centro de una industria turística en plena expansión. Si bien esta actividad genera ingresos fundamentales para la economía local, el rápido crecimiento del turismo sin una planificación adecuada amenaza los delicados ecosistemas de la región. Según la más reciente evaluación ambiental de la OCDE, el turismo intensifica de manera significativa la presión sobre la gestión de residuos en la costa Caribe colombiana, donde el 65 % de los residuos sólidos generados en los municipios costeros termina llegando al mar. Este crecimiento acelerado ha contribuido a graves problemáticas ambientales, entre ellas la gestión inadecuada de las aguas residuales y la creciente presión sobre los sistemas hídricos locales. En conjunto, estas amenazas ponen en riesgo a la Ciénaga Grande de Santa Marta, Reserva de la Biosfera reconocida por la UNESCO que, según advierten diversos especialistas, se acerca a un punto crítico de colapso ecológico. Datos recientes indican que la contaminación ha afectado gravemente a la pesca tradicional de la región: mientras que antiguamente las capturas alcanzaban las 60.000 toneladas, hoy apenas superan las 5.000, dejando a muchas comunidades con una sensación de “abandono y pérdida”(Wallace, 2025).

Asimismo, la crisis del plástico se ha intensificado en los últimos años, hasta el punto de que este material representa actualmente el 86% de los residuos marinos presentes en playas prioritarias de la costa. Los científicos también han detectado bacterias potencialmente nocivas asociadas a microplásticos en la Ciénaga Grande, lo que supone riesgos cada vez mayores tanto para el ecosistema como para la salud pública. El verdadero ecoturismo no debería limitarse a visitar lugares hermosos. Debería implicar aprender a entrar en un territorio con humildad; comprender los saberes locales, respetar los límites y reconocer que los espacios sagrados no son mercancías destinadas al consumo. En distintas zonas de la Sierra Nevada ya existen iniciativas impulsadas por las propias comunidades que promueven este modelo a través de caminatas guiadas por pueblos indígenas, programas de educación ambiental e intercambios culturales con comunidades Kogui y Wiwa. Estas experiencias invitan a los visitantes a comprender las relaciones ancestrales con el territorio, en lugar de reducirlo a una simple atracción turística.
Proteger la Sierra Nevada también implica escuchar y respetar las voces de los pueblos Kogui, Arhuaco y Wiwa, que han cuidado este territorio durante generaciones. Un turismo verdaderamente sostenible no puede existir sin la participación activa de las comunidades indígenas locales ni sin el respeto por la forma en que los espacios culturales y sagrados son compartidos. Esto resulta especialmente relevante en zonas cercanas a Ciudad Perdida y al Parque Tayrona, donde las autoridades indígenas han advertido reiteradamente que el turismo sin restricciones puede alterar las prácticas espirituales y el equilibrio ecológico de territorios considerados sagrados. Para respetar verdaderamente a la Madre Tierra, debemos ir más allá de las obligaciones jurídicas asociadas a los Derechos de la Naturaleza y acercarnos a la profunda conexión espiritual que los pueblos indígenas mantienen con la Pachamama. Esto implica reconocer que la Sierra Nevada no es simplemente un destino turístico, sino un ser vivo en el que el territorio y el espíritu son inseparables. Dar este paso supone avanzar hacia una relación más respetuosa con la naturaleza y contribuir a que este ecosistema único pueda ser preservado para las futuras generaciones.
Nuestra misión en Minca
Reconocer los Derechos de la Naturaleza significa comprender que la tierra no es una colección de recursos destinados a la explotación, sino un ser vivo con el derecho inherente a existir, persistir y regenerarse. En colaboración con Misión Gaia, desarrollamos un enfoque educativo integral que promueve la conciencia emocional, social y ambiental de las nuevas generaciones. Solo en 2025, este trabajo benefició a 504 estudiantes, 28 docentes y 54 padres y madres de familia, transformando las escuelas locales en espacios de defensa del territorio y desarrollo comunitario. Uno de los pilares de esta labor es el Club de Turismo Taguaventura, una iniciativa desarrollada junto a la escuela en La Tagua. Su objetivo es fomentar los principios del “buen vivir”, una filosofía que enseña a los niños y niñas a convivir en armonía con su entorno social y natural. A través de este club, los estudiantes participan en talleres de observación de aves y salidas de campo centradas en la biodiversidad, donde utilizan herramientas digitales para documentar sus hallazgos e incluso han creado su propia guía local de aves. Esta experiencia fortalece su vínculo con el territorio mediante la escritura, la ilustración y la exploración de la naturaleza.
Más allá de los senderos, los estudiantes ejercen diariamente el cuidado del medio ambiente gestionando ocho huertos escolares activos y sistemas avanzados de compostaje, que actualmente suministran productos frescos a las cocinas de los centros educativos. Actividades prácticas como la siembra, el cuidado de semilleros y el cultivo de alimentos fomentan el sentido de responsabilidad y pertenencia, enseñando a los niños que la tierra debe regenerarse y cuidarse, no simplemente explotarse.Más allá de su valor educativo, estos huertos aportan beneficios tangibles a la comunidad, demostrando que cuidar de la Pachamama también genera bienestar y abundancia.

La expresión artística constituye otro elemento fundamental de este trabajo. A través de talleres de pintura y dibujo, los niños encuentran espacios para expresar su creatividad y fortalecer su identidad y relación con la naturaleza. Los coloridos murales creados por los niños de Minca son mucho más que obras de arte: representan auténticos actos de autonomía territorial. Al plasmar sus historias, paisajes y experiencias, hacen visible su vínculo con el territorio y desafían aquellas narrativas que reducen la región a un simple escenario turístico. Estos murales funcionan como un manifiesto visual contra la desaparición cultural, reivindicando que la Sierra Nevada no es una mercancía para el consumo, sino un ser vivo en el que la tierra y el alma están profundamente unidas.
Restaurar el equilibrio del mundo

La profunda reverencia hacia el Corazón del Mundo ofrece una valiosa lección para un planeta que enfrenta simultáneamente la crisis climática y una acelerada pérdida de biodiversidad.
La Sierra Nevada nos recuerda que cuidar el planeta comienza por construir relaciones basadas en el respeto, la reciprocidad y la responsabilidad. Proteger el futuro de los niños es inseparable de proteger los ecosistemas que heredarán, garantizando no solo su supervivencia, sino también su capacidad de prosperar. Un futuro seguro y sostenible depende de la conservación y restauración activa del mundo natural.
Los invitamos a mirar la Sierra Nevada a través de los ojos de los niños y niñas de Minca. Ellos no están esperando un futuro mejor: lo están pintando, sembrando y protegiendo cada día.
Únete a Children Change Colombia para ayudar a que la Sierra Nevada sea heredada por las futuras generaciones como un territorio vivo, saludable y libre de contaminación.
Escrito por: Laura Kadłuczka | Pasante de Outreach y Relaciones Publicas
Referencias
Etchart, L. (2019). Indigenous peoples and the rights of nature. In T. Gatehouse (Ed.), Voices of Latin America: Social Movements and the New Activism (pp. 87-119). NYU Press; Monthly Review Press.
Johnston, A. (2000). Indigenous Peoples and Ecotourism: Bringing Indigenous Knowledge and Rights into the Sustainability Equation. Tourism Recreation Research, 25(2), 89-96
OECD. (2026). OECD Environmental Performance Reviews: Colombia 2026. OECD Publishing.
Ulloa, A. (2011). The Politics of Autonomy of Indigenous Peoples of the Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia: A Process of Relational Indigenous Autonomy. Latin American and Caribbean Ethnic Studies, 6(1), 79-107
Wallace, E. (2025, April 17). ‘No fish, no money, no food’: Colombia’s stilt people fight to save their wetlands. The Guardian
Valderrama González, M. I. (2019, November 29). “We are spiritual and material Guardians of the Heart of the Earth and we will continue fulfilling our mission to save Humanity”. News Archive




